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Los soldados del Califato

Tras el atentado en Manchester, los yihadistas dan muestra de adaptarse a las circunstancias: cambian su modus operandi, simplifican la planificación y la logística y modernizan técnicas de reclutamiento

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La primera ministra británica anunció que se eleva el nivel de alerta terrorista a crítico ante el temor de otro atentado
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El terrorismo yihadista vuelve a golpear el corazón de Europa.

El atentado perpetrado el pasado lunes en Manchester, Inglaterra, y reivindicado por el Estado Islámico (EI), ya es el peor acto terrorista en territorio del Reino Unido desde los ataques de 2005 en Londres y uno de los peores en el continente en los últimos años.

Theresa May, primera ministra británica, anunció la noche de ayer que Reino Unido ha elevado el nivel de alerta terrorista a crítico ante el temor de otro atentado.

Con esta medida, 5 mil soldados del ejército de Gran Bretaña se desplegarán por las calles, reemplazará a la policía en la vigilancia de posibles objetivos terroristas y acudirán a eventos masivos para reforzar la seguridad.

Sin embargo, la diversificación de las tácticas terroristas podría dificultar la prevención de un nuevo atentado.

Salman Abedi, el presunto autor de la masacre en Manchester, hijo de padres libios y nacido en Gran Bretaña, ejemplifica una nueva modalidad del terrorismo yihadista que está poniendo en predicamentos a las autoridades europeas.

Los yihadistas parecen estarse adaptando a las circunstancias, no solo han cambiado su modus operandi, simplificando la planificación y la logística, reduciendo el número de participantes, sino que incluso han modernizado sus técnicas de reclutamiento.

Musulmanes nacidos en suelo europeo, con pensamientos radicales, quizá descontentos sociales que son incitados por organizaciones como el Estado Islámico para atentar en los lugares donde viven. La mayoría de las veces este adoctrinamiento se da a través de Internet.

Inútiles medidas preventivas

Ya no es necesario que los adeptos al yihadismo se tengan que trasladar a las regiones dominadas por el EI para preparar los atentados, ni que los líderes del califato tengan que trasladarse a Europa, reduciendo con ello el riesgo de ser detectados.

Si hace algunos años, las autoridades europeas identificaban a los miles de europeos que viajaban a Siria o Irak -presuntamente para recibir la doctrina del califato- como una de las principales amenazas, hoy son estos nuevos soldados del califato los que suponen el mayor reto para la seguridad europea.

El autor del ataque en las cercanías del Palacio de Westminster en marzo pasado, Khalid Masood, era musulmán de 52 años nacido en el condado de Kent, al sur de Inglaterra, que al momento del atentado no estaba bajo investigación ni tampoco había información de inteligencia que indicara que podría perpetrar un ataque terrorista.

La tragedia de Manchester, confirma la amenaza constante que el terrorismo yihadista representa para los países occidentales, principalmente para Europa.

Tan solo en el Reino Unido, según reportes extraoficiales, en los últimos cuatro años las autoridades británicas han desarticulado potenciales atentados terroristas en su territorio, y desde hace casi tres años la alerta terrorista está en su máximo nivel.

El hecho de que el principal sospechoso del atentado en la Arena Manchester haya sido un ciudadano británico, probablemente sin antecedentes, y por tanto fuera del radar de los servicios de seguridad, dificulta la efectividad de acciones preventivas.

Los escenarios de Abedi

Salman Abedi, de 22 años, nació en la ciudad de Manchester, la misma donde se inmoló el pasado lunes, supuestamente en nombre del Estado Islámico.

Personas que lo conocían, citadas por la prensa inglesa, lo describen como un joven introvertido y devoto a la religión musulmana.

Era el segundo hijo de un matrimonio de libios que llegaron a Reino Unido desplazados por el régimen de Muamar Al Gadafi, según datos dados a conocer por la agencia EFE.

Su padre trabajaba como guardia de seguridad y era un miembro reconocido en su mezquita local y una persona muy crítica con el yihadismo.

¿Cómo pudo este joven nacido en RU, de ascendencia libia, tomar la determinación de atentar contra la vida de otros británicos como él, dispuesto a dar su propia vida para lograr su objetivo?

Las autoridades continúan indagando las actividades del presunto atacante para intentar prevenir nuevos atentados, sobre todo por la modalidad del ataque: explosivos.

Aún no se determina si Abedi aprendió por su cuenta a fabricar la bomba que utilizó para el ataque, si fue entrenado para la fabricación de explosivos o si fue un tercero el que le proporcionó el artefacto.

El hecho de que el atacante hubiera decidido aprender por su cuenta la fabricación de explosivos reforzaría la teoría de que cada vez es más complicado detectar a estos individuos, los llamados lobos solitarios, que actúan casi por su cuenta, alentados por la propaganda yihadista y tomando suficientes precauciones para no llamar la atención.

Podría tratarse también de un retornado, que pudo ser adoctrinado en el territorio del Estado Islámico, en Siria o Irak, o quizá en algún otro campo terrorista, y que regresó a su lugar de origen para perpetrar el ataque.

La tercera posibilidad es la más preocupante para las autoridades, pues si la bomba le hubiera sido proporcionada por un tercero, esto sugiere la presencia de por lo menos un experto en explosivos que no ha sido detectado por los servicios de inteligencia o incluso toda una red de reclutamiento y preparación de yihadistas en territorio europeo.

Una célula bien organizada y preparada que podría volver a atacar. El peor de los escenarios.

Lo que queda claro es que los grupos terroristas han mejorado sus tácticas para que sus adeptos puedan pasar desapercibidos, han mejorado la forma de difusión de su doctrina y muchas veces ni siquiera se involucran directamente en la planificación y ejecución de los ataques. Y no parece que vayan a capitular.

Las interrogantes

 
 

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