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El que se enoja, pierde

En una pareja los celos ‘enferman’, pero los conflictos y pleitos también deterioran la salud. De hecho, las discusiones repercuten para alterar el sueño e inflamar el tejido cerebral. Sin contar los efectos negativos que provocan a nivel emocional

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Hay dinámicas de conflicto que se vuelven ‘costumbre’, pero el cuerpo lo resiente como si fuera el primer pleito
“La calidad de nuestras relaciones cercanas impacta directamente en nuestra salud física, emocional y psicológica”
Stephanie J. Wilson
Ohio State University College of Medicine
Hay personas que consideran ‘aburridas’ sus relaciones cuando no hay conflictos o discusiones

Los celos pueden llegar a ser tan enfermizos que hay casos de crímenes pasionales que empezaron con este tipo de problema. Sin embargo, no se tiene que llegar a los extremos para que la salud en las parejas se vea seriamente deteriorada.

Y tampoco se tienen que presentar situaciones como las que inspiran a las cintas en Hollywood, como es el caso de “Atracción fatal” (1987).

El simple hecho de tener conflictos o de pelear con frecuencia es un detonador para que una relación se convierta en un tormento para la salud.

De hecho, los problemas entre los miembros de la pareja pueden alterar los patrones de sueño y descanso, aumentando los niveles de estrés, lo que repercute de manera negativa en el organismo.

Discutir con frecuencia inclusive afecta  al cerebro, pues inflama su tejido, de acuerdo al estudio titulado “Shortened sleep fuels inflammatory responses to marital conflict: Emotion regulation matters”, llevado a cabo por la Ohio State University College of Medicine.

Todos sabemos que la falta de sueño puede deteriorar significativamente nuestra salud. Pero lo que quizás no sepas es que las discusiones frecuentes de parejas y sus repercusiones son irreversibles, pues la inflamación del tejido cerebral altera la estructura de este órgano, de acuerdo a la mencionada investigación, que fue publicada recientemente en Psychoneuroendocrinology.

Para este estudio participaron 43 parejas, las cuales tenían 11.5 años de casadas, en promedio. A las mismas se les tomaron muestras de sangre antes y después de que se dieran los conflictos. También se elaboraron entrevistas con estas parejas, en el laboratorio.

Los resultados de esta investigación apuntaron que la falta de sueño está relacionada directamente con el incremento de la inflamación –en el tejido cerebral– provocada por los conflictos que se dan dentro de los matrimonios.

Las parejas que durmieron menos durante las últimas 48 horas sufrieron mayor inflamación en dicho órgano, comparadas con las que tuvieron mejores noches. Los efectos y repercusiones se hicieron notar con dos o tres noches sin sueño.

Además, los expertos de la Ohio State University College of Medicine determinaron que las parejas que intentaron aplicar estrategias saludables para regular la situación (y calmar al cónyuge) sufrieron de menos inflamación vinculada a la falta de sueño.

Como dice Stephanie J. Wilson, una de las autoras de este estudio, “sabemos que la calidad de nuestras relaciones cercanas impacta directamente en nuestra salud física. Los conflictos maritales tienen un efecto particular en la inflamación (del tejido cerebral). Pero al juntar estos dos factores nos da lugar a cuestionarnos qué se puede hacer para tratar el hecho de que el comportamiento y la regulación de las emociones están relacionadas”.

“No significa que empiezas el día con niveles más altos de inflamación (del tejido cerebral), simplemente porque dormiste menos en las últimas noches. Sin embargo, esas pocas noches de sueño más corto pueden significar un mayor aumento en la inflamación después de un encuentro estresante, como lo es un conflicto marital, que si hubieras dormido más tiempo”, señala Wilson.

¿Por qué se pelean?

Cada cabeza es un mundo y cada pareja es una historia diferente, pero hay factores que se repiten en algunas parejas y patrones que se cumplen en aquellas que suelen ser conflictivas.

Entre ellos están, por supuesto, los celos e infidelidades, pero también elementos que podrían ser considerados –para algunos– meras trivialidades.

>> Falta de comunicación.

>> Diferencia en la percepción del compromiso.

>> Carencia de autonomía.

>> Problemas en la vida sexual.

>> Desacuerdos en el poder que cada uno tiene en la relación.

>> Dilemas por falta de adaptación y cuando no cede uno de los miembros de la pareja.

Amor apache

Seguramente conoces a alguien o te ha tocado ver parejas que, simplemente, se llevan “muy feo”. Siempre están resaltando los errores o áreas de oportunidad del otro, se hablan de manera fría y hasta ofensiva y se divierten quejándose y debatiendo en todo momento.

¿A qué debe esto? ¿Será que les gusta la mala vida?

Expertos señalan que es muy delgada la línea que separa una discusión de los ataques personales. “Discutir es discrepar ante una idea o un hecho concreto o ante una acción, pelearse es dejar la discusión sobre las ideas para centrarla en la persona, es decir, pasar del ‘no me gusta la camisa que has comprado’ al ‘eres una hortera y no sabes vestir’. La discusión cuestiona la opinión o la acción, la pelea cuestiona a la persona”, dice en entrevista para El Mundo José Bustamante Bellmunt, psicólogo, sexólogo y especialista en terapia de pareja y secretario general de la Asociación Española de Especialistas en Sexología.

Amar la mala vida

En los casos más extremos y hasta patológicos, hay quienes se acostumbran y se vuelven adictos al “mal amor”.

Carlos Eduardo Leal Lozano, psicólogo clínico, indica que hay parejas que se aburren cuando no hay conflictos y la dinámica cae en la monotonía cuando no se presentan altibajos.

“Si quisiéramos ver el amor por ejemplo como una energía, tenemos que estar conscientes que no es simplemente un recurso que no se acaba, es un recurso que se acaba si no se trata, si no se alimenta, si no se trabaja, el amor se acaba, es decir hay un desgaste”, señala Leal Lozano.

 
 

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