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Más allá del peso

El tipo de cambio se ubicó ayer –tras el anuncio de la FED- en el nivel más bajo desde la llegada de Donald Trump. Sin embargo, este periodo de apreciación del peso no exenta a la economía de tres riesgos latentes: choques externos, deterioro macroeconómico e incertidumbre política

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El deterioro del perfil crediticio del país detonaría un espiral de depreciación del peso. Las calificadoras refieren que la inercia de los requerimientos finacieros del sector público es un reto para conservar la valuación crediticia del país
El legado global de Luis Videgaray como secretario de Hacienda es poco claro, pero en términos de prudencia fiscal es negativo
Moody’s advierte que el principal riesgo para la economía mexicana radica en un cambio súbito en la política comercial de Estados Unidos
El modelo de laxitud cambiaria y controles de capital limitados hacen de México una víctima perfecta para los episodios de aversión al riesgo del mercado
La administración de Meade se ha caracterizado por dar continuidad a los esfuerzos de austeridad en el gasto público
El triunfo de Trump y su amenaza contra el TLCAN llevó al tipo de cambio a un máximo histórico de 21.92 pesos por dólar
Lo que ocurrió en el Edomex fue que el mercado entendía que una victoria de Morena incrementaba la probabilidad de que ese partido pudiera competir de manera muy importante en el 2018
El subdirector de análisis de Vector Casa de Bolsa, Luis Adrián Muñíz, señaló que el factor político juega de manera importante en el tipo de cambio

El peso continuó ayer ganando terreno frente al dólar, incluso a pesar de la decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos de elevar por tercera ocasión desde el 2008 su tasa de interés de referencia en 25 puntos base.

Ayer, el tipo de cambio se ubicó en 17.93 pesos por dólar, su menor nivel desde agosto del año pasado, antes de las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Estructuralmente, las condiciones de la economía mexicana son prácticamente las mismas que las de hace un año.

Los altos niveles de volatilidad del peso reflejan cómo ha cambiado la percepción del mercado en relación al estado de la economía mexicana en el corto plazo.

Sin embargo,  las condiciones coyunturales han cambiado de manera radical. En noviembre,  la promesa del ahora presidente Donald Trump de retirar a Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) llevaron al tipo de cambio a un máximo histórico de 21.92 pesos por dólar.

Desde entonces, el peso se ha apreciado casi 18 por ciento frente al dólar, recuperando todo el terreno perdido durante el proceso de transición presidencial en Estados Unidos. Esto está fundado en el consenso de que la administración de Donald Trump mantendrá su promesa de renegociar el TLCAN en términos que, de acuerdo a la firma calificadora Moody’s, no comprometan los indicadores macroeconómicos de México.

Lo anterior pone de relieve lo vulnerable que resulta el tipo de cambio frente a cambios en la narrativa económica. La política económica mexicana ha privilegiado un modelo cambiario que ha hecho del peso una de las divisas emergentes más líquidas y más operadas a nivel global.

De hecho, esta condición ha convertido al peso en un termómetro de riesgo para los inversionistas globales. Los episodios de depreciación de la moneda mexicana durante el proceso electoral de Estados Unidos y el referéndum del Brexit son pruebas patentes de este fenómeno.

En ese sentido, la tendencia actual de apreciación del tipo de cambio ofrece argumentos para mantenerse optimistas respecto al futuro económico del país. Ayer, la Reserva Federal estadounidense elevó su tasa de interés de referencia en 25 puntos base, la tercer alza desde la crisis global del 2008. El peso reaccionó de manera positiva a la noticia, marcando una diferencia respecto al efecto que han tenido las decisiones de corte restrictivo de la Reserva Federal en los últimos años.

No obstante, existen riesgos latentes que pudieran exacerbar la amenaza que significa la condición de extrema liquidez del peso mexicano. Dichos riesgos están personificados en el accionar de tres figuras clave para el futuro del tipo de la trayectoria del tipo de cambio y, en última instancia de la economía.

Por lo pronto el juego de expectativas que rodea a la economía mexicana ya exhibe sus costos. El espiral de depreciación del peso frente al dólar se ha traducido en niveles de inflación que no eran vistos desde la Gran Recesión. Para un país en el que el mercado cambiario está diseñado para absorber los choque externos, el verdadero riesgo económico de la depreciación yace en las presiones inflacionarias que pudiera generar.

Luis Videgaray

Agente doble

La influencia de Luis Videgaray en la dinámica del tipo de cambio ha sido ambivalente. El hombre de confianza del presidente ha representado, en diferentes momentos del sexenio, un factor de depreciación del peso y un factor de apreciación.

La gestión de Videgaray como secretario de Hacienda se caracterizó por un incremento significativo de la deuda pública. En diciembre del 2012, los requerimientos financieros del sector público, la medida más amplia de deuda pública, rondaban el 38 por ciento del producto interno bruto (PIB). En agosto del 2016, un mes antes de la salida de Videgaray, la cifra rebasaba el 48 por ciento del PIB.

Las agencias calificadoras refieren que la inercia de los requerimientos financieros del sector público representan uno de los principales retos para el mantenimiento de la calificación crediticia de la deuda soberana del país. Huelga decir que ésta ha actuado como un ancla para el tipo de cambio. El deterioro del perfil crediticio del país detonaría un espiral de depreciación del peso frente al dólar.

Si bien, la tendencia de depreciación del tipo de cambio contiene un fuerte componente externo, el consenso de analistas argumenta que el comportamiento del peso opera en gran medida en función de la política fiscal de endeudamiento aplicada durante este sexenio.

El legado global de Luis Videgaray como secretario de Hacienda es poco claro, pero en términos de prudencia fiscal es negativo.

En cambio, la gestión de Videgaray como secretario de Relaciones Exteriores tiene implicaciones radicalmente diferentes para el tipo de cambio. El canciller representa la cabeza del equipo de negociación de la relación bilateral entre México y Estados Unidos. Su oficina es la responsable de coordinar los recursos y aliados de los intereses mexicanos en Estados Unidos.

En ese sentido, el entendimiento implícito entre el gobierno mexicano y el gobierno estadounidense de que las disputas económicas se resolverán de manera privada en la mesa de negociaciones y no en la opinión pública no puede comprenderse sin la intervención de Videgaray.

El cabildeo de Videgaray y su equipo para cambiar la perspectiva económica de la Casa Blanca ha tenido un éxito evidente, patente en las intervenciones públicas de los funcionarios estadounidenses y en el hecho de que el peso mexicano ha recuperado el terreno perdido desde el 8 de noviembre del 2016.

 
 

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